El calor, los griegos y México en Andorra
- Laura Iñigo

- 7 jul 2015
- 2 min de lectura
Actualizado: 4 abr 2020

Es la primera vez en mi vida que siento en mi cara 40 grados de temperatura. Rodando hacia Andorra sufrimos la ola del calor africano que ataca al continente europeo. Sabía que sufriríamos el calor pero nunca de esta manera, la ropa, el casco, los guantes y el aire que normalmente aliviana el calor me estorbaron durante todo el trayecto. Dicen que seguirá y yo solo pienso en como cargar una nevera en el top case para mantener el agua fría.
Durante esta rodada y a pesar del calor insoportable, no dejé de pensar en los griegos y en sus decisiones, en la falta que le hace a México un gobierno que tome en cuenta a sus ciudadanos, que vea por ellos y que se imponga como un David al Goliat económico de la Union Europea, ese gigante que ahora deja ver su yo interno asqueroso, el que se asemeja a un niño fuerte, grande, abusador e insensible que abusa y golpea a los pequeños y a los débiles hasta dejarlos agonizando. Este gigante nunca pensó que el David al que se enfrentaba era más ágil y se movía rápido y sin miedo, Grecia sigue vivo, más vivo que nunca. ¡Que vivan los griegos!
Anoche llegamos a un pueblo pequeño a 5 kilómetros antes de Andorra la Vieja y decidimos quedarnos en un hotel recomendado por una chica de un bar. El Imperial Hotel en San Juliá de Lòria nos recibió con los brazos abiertos. El recepcionista, un chico llamado Alberto muy simpático nos comentó que le encantaba México y que justo había terminado de leer el último libro de Jorge Zepeda Paterson. Me sorprendió muchísimo y me encantó que México, con todo y sus malas noticias, permanezca en el corazón de un joven con labio leporino que vive en un pueblo en Andorra. El chico nos pidió nuestros pasaportes y unos chilaquiles, desafortunadamente solo pudimos cumplir con lo primero.




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