Las autopistas alemanas
- Laura Iñigo

- 8 ago 2015
- 3 min de lectura
Actualizado: 4 abr 2020
La última vez que estuve en Alemania recorrí Berlin arriba de una bicicleta junto con Pilar y nos encantó, al otro día no podíamos movernos pero valió la pena. La vez anterior fue en un coche rentado, eso fue hace más de diez años y en esa época mi socio y yo veníamos con presupuesto limitado así que decidimos rentar un económico como le llaman en las agencias. Recuerdo que era un Renault Megane que logró llegar a los 150 km/hr con muchos esfuerzos. En este viaje no había tenido la oportunidad de correr mucho, como comenté anteriormente el día que entré a Alemania se desató una tormenta y cuando por fin me metí a la autopista había mucho viento, un factor que no permite la relajación y el disfrute de la velocidad.
El día de hoy recorrí 325 kilómetros y pensaba hacerlo por carreteras secundarias para conocer más de la Alemania profunda pero decidí mejor evitar la salida de Hamburgo por los suburbios. Salir de cualquier ciudad grande puede llevarte horas y conviene encontrar una autopista lo antes posible, siempre tienes la posibilidad de salirte y pueblear más adelante y esa era la idea.
Al principio pensé que había cometido un error al no contemplar que era sábado y la gente sale a pasear, tuve varios kilómetros con algo de tránsito, se movía pero iban lentos, me tocaron un par de accidentes que me retrasaron y volví a contemplar la idea de meterme a carreteras alternas pero la deseché inmediatamente pensando que el tránsito sería peor.
Un poco antes de llegar a Hanover el tráfico se dispersó y poco a poco los vehículos que quedábamos empezamos a acelerar, sobre todo al ver que el límite marcado era de 130 km/hr. A pesar de lo que dicen por ahí, sí existen límites de velocidad en Alemania pero aparentemente nadie los respeta excepto por los camiones y uno que otro despistado que va acompañándolos en el carril de baja, pero ojo, ellos van a 130 kilómetros por hora.
Me paré a cargar gasolina y a estirar las piernas un poco, me di cuenta que no había viento y era mi oportunidad para disfrutar estas carreteras tan bien trazadas que no tienen el más mínimo bache o parche disparejo. Pero antes de empezar el disfrute decidí documentar este momento así que preparé la cámara del celular que llevo atado al manubrio de la moto para que tomara fotos del velocímetro en cada carril. Lo único que tenía que hacer es meterme en cada carril e ir a la velocidad media a la que van los vehículos en esa línea. Estos son los resultados, el último carril, el de alta velocidad, es engañoso porque tuve que dejar pasar varios coches que calculando un poco iban a mínimo 200 km/hr.
Carril de baja velocidad:

El carril de media velocidad:

El de alta velocidad:

Antes de que me regañen les digo que es menos de un segundo lo que me toma apuntar con el dedo y no bajo ni la mirada para atinarle porque lo tengo medido.
Lo que me queda claro es que me hace falta un llavero, es una vergüenza que salga en primer plano la tirita amarilla.
Así fue que llegué a mi destino, como un trapo de lo cansada y con dolor en las piernas, brazos y manos, pero nadie me quita lo bailado, disfruté las autopistas alemanas a diferentes velocidades que oscilaron entre los 120 y los 180 km/hr. Y así como sin querer les comento que según las cifras mueren 4.7 personas en accidentes de tránsito en Alemania por cada cien mil habitantes, mientras que en México mueren 14.7 personas.
Algún día, en otro viaje, espero cumplir mi sueño de recorrerme todo el país en un coche rentado pero esta vez de los deportivos, un Maserati, un Ferrari o ya de perdis hasta un Porche.




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