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Crónica de un viaje electoral

  • Foto del escritor: Laura Iñigo
    Laura Iñigo
  • 6 jun 2016
  • 7 min de lectura

Actualizado: 4 abr 2020


Con el deber de cumplir como ciudadana, con las ganas de participar activamente y con una cruda/desvelada monumental, me presenté a las 7:30 de la mañana en la casilla de la sección 4926 a cumplir con mi papel de Presidente en la Jornada Electoral 2016. Nos tocaba elegir la Asamblea Constituyente de la recién estrenada Ciudad de México, es decir, votar para escoger a los que van a redactar nuestra constitución local.

Llegué cargando el kit que unos días antes me había entregado el INE envuelto en una bolsa de basura negra, así el país y su sistema electoral, lleno de símbolos imposibles de ignorar. La bolsa venía acompañada de una caja de plástico corrugada conocida como "Caja Paquete Electoral" que no cerraba bien y que sería la portadora de los votos finales de la ciudadanía.

Mi primer miedo al entrar al garage del edificio donde teníamos que montar la casilla fue encontrarme sola. Me recibió una mesa larga con 4 sillas rodeada de una penumbra mañanera que hasta ahora no sé si era producto de mi cruda realidad o de esa luz tan fría que a veces aparece antes de que el sol empiece a calentar. Intenté organizarme y ver la forma de montar la mampara, por supuesto no tenía la más remota idea. Son de las primeras cosas que te enseñan en el simulacro y yo, ingenuamente, les creí cuando nos dijeron que ese era un trabajo para los escrutadores. Puse poca atención pero además me pareció tan simple que no le tomé mayor importancia. Recordé a mi padre intentando armar una tienda de campaña en algún viaje de aventura frustrado por su falta de habilidad y su poco sentido de supervivencia ante la salvaje naturaleza.

Al poco tiempo llegó la representante del INE junto con una de las escrutadoras, entre las tres armamos mamparas, urnas y demás utensilios electorales. Nuestra mampara decía en las paredes laterales SIMULACRO, yo pregunté si esto sería un problema -Es que no hay suficientes mamparas, tenemos que usar las que nos dan- respondió. Así el país, hay que usar lo que nos den aunque su fin sea para otra cosa.

Rebeca, la "promotora" del INE, una mujer que sufre en cada jornada electoral al no conseguir completar sus casillas por la poca participación ciudadana, me advirtió que no tendríamos Secretario ya que estaba en Hidalgo y no sabía si llegaría. El secretario es la persona que llena todas las actas y quien se lleva la mayor de las friegas durante la jornada. La pobre Rebeca me decía que tenía problemas de personal en casi todas las casillas y que por favor le ayudara a tratar de convencer a los que vienen a votar a que se queden a ayudarnos. Trabajo imposible ante la apatía que nos caracteriza, así el país.

Nuestra mesa, curiosamente conformada de mujeres, representaba un poco lo que es nuestro barrio: Una señora ama de casa con hijos mayores jóvenes, católica practicante de las que va a misa, muy a favor "de la vida" como lo decía ella, panista "butofcourse" y bastante distraída al momento de entregar las boletas a los votantes. Ella había decidido participar porque le dio pena la promotora del INE. La segunda escrutadora que en realidad era sustituta y fue promovida al no obtener respuesta de algún ciudadano irresponsable, era la esposa de un portero del edificio de al lado. Tenía un hijo de 6 años que fue un pesado durante toda la jornada, lo único simpático que hizo fue llamar a su madre "prustituta" varias veces debido a la confusión que le causaba la palabra sustituta. Así el país y la información que reciben niños de esa edad. El único interés de esta mujer, carente de información y de cierta habilidad para dictar bien los números de votantes, eran los 300 pesos que el INE entrega a los participantes. Sus palabras textuales fueron: "Yo pregunté qué beneficio sacaba con participar y cuando me dijeron de los 300 pesos pues dije que si." Así el país.

Nuestra flamante secretaria que llegó a las 12 del día era una mujer joven estudiante de Derecho en la Ibero, con mucha información política y social, de ideas progresistas y con ganas de sacar al país adelante, aunque sea tarde. Ella participó porque es un deber y un privilegio ser partícipe de algo tan importante para el futuro de nuestra ciudad. Pero eso sí, a su tiempo porque yo no le creo que se le ponchó la llanta cuando regresaba de Hidalgo....así el país.

Pasaron las horas y las cuatro mujeres convivimos en ese garage frío y sin luz. Nos fuimos conociendo un poco, compartimos varias tazas de café, unas pizzas y unos chocolates. Cometimos algunos errores, nada que nos costara la clausura de la casilla. Y todas, sin excepción le dedicamos un rato a la lista de votantes para conocer a los vecinos aunque no llegaran a votar.

A nuestro grupo se unieron 3 mujeres representantes de partidos. Estos son la pesadilla para cualquier presidente de casilla, según me habían comentado. Los temidos representantes podían ser unos pesados, con aires de grandeza, sin conocimiento de sus límites dentro de la casilla y con muchas ganas de observar con lupa cualquier tipo de movimiento con su distancia porque no pueden acercarse a la mesa ni tocar los votos. Tuvimos la inmensa suerte de contar con 3 chicas que no dieron lata, que en realidad, como pude comprobar más adelante, estaban ahí más por necesidad que por pasión a su partido, dos de ellas, del PRD formaban parte de la Asamblea de Barrios y tenían que cumplir con sus cuotas para conseguir una casa que les estaba construyendo el PRD en Tacuba. Así el país, ay nanita que alguien nos ayude. La otra mujer, una historiadora, venía representando al partido Encuentro Social (que hasta la fecha no sé qué pitos toca ni de donde salió). Ella nos dijo que le estaba haciendo un favor a un amigo, un gran favor porque estaba pre-registrada y todo. Nunca supe bien si sacaría algún beneficio o si su "amigo" era solo eso o significaba algo más importante, porque hacerle un favor de esas dimensiones a un amigo me parece una muestra de amor incondicional. Pasar 12 horas parada fuera de una casilla sin comer y sin tener donde sentarse me parece más que un favor, pero esa fue su versión y.....así el país.

Nuestra jornada fue pacífica y cordial. Nos dimos cuenta del abstencionismo, el gran ganador de todas las votaciones. Pasaron unos observadores y nos comentaron que había una casilla con solo 4 votos, así que nosotros íbamos bastante bien al tener cerca de 50 votos antes del medio día. Así el país, así mi barrio que no se caracteriza por tener acarreados pero sí son apáticos según la experiencia de años de Rebeca, de ahí la falta de personal en las casillas.

Por ejemplo, de mi edificio que tiene 20 departamentos y en los que viven por lo menos dos adultos en cada uno, solo fue a votar la administradora. Increíble la falta de participación, así el país.

Para mi sorpresa, llegaron a votar varios judíos religiosos, incluso un par de ortodoxos. Casi todos los votantes eran adultos mayores de 50 años, algunos divertidos, otros cordiales e incluso cariñosos, los menos de malas y exigiendo salir rápido de ese trámite, como si nos hicieran un favor.

Cuando dieron las 6 de la tarde cerramos nuestra casilla y comenzamos el conteo. Al final tuvimos un total de 100 votos de los 609 votantes. Es decir, un 16 por ciento aproximadamente. Al parecer un número alto en estas elecciones.

Es usual que en mi distrito gane el PAN, así fue. Lo sorprendente es que en segundo lugar quedara Morena, presentía que ganaría en la ciudad pero no tenía idea que podía pisarle los talones al PAN en Polanco. Los candidatos independientes se esfumaron con un máximo de 7 votos. Los nulos eran para morirte de risa aunque solo fueron 8. Alguien le regaló dos votos al PRI y quiero imaginar que quien votó por los partidos asquerosos rémoras como Nueva Alianza, Partido Verde o Movimiento Ciudadano es gente que no tiene información, que considera que los chiquitos merecen una oportunidad o que, como la portera, se benefician directamente al recibir una mochila con cuadernos, boletos para el cine y otros objetos de papelería como los que regaló el PVEM en la última jornada electoral.

Al terminar el conteo, entregar actas y cerrar nuestra caja, un policía y Pilar me acompañaron al INE de Parque Lira a dejar los votos. Llegamos a pelear por un lugar para estacionar el coche lo más cerca posible, me bajé con mi bolsa de basura y mi caja llena de votos. Una señorita con un chaleco rosa del INE me recibió con una sonrisa y una bolsa con unas papitas, un cuernito con un jamón seco y queso de plástico y una Lulú de limón, así el país. Me preguntó -¿Cómo le fue?- Ante mi respuesta de bien, todo tranquilo, me agradeció por participar y casi me abraza. Así el país y sus gestos que tanto me conmueven. A pesar de la friega, quiero pensar que esta mujer sí cree en que se puede cambiar algo del país, a lo mejor son mis ilusiones pero algo me mueve aunque no sea la esperanza.

Me formé detrás de unas 30 personas, en una fila muy variada como la zona, delante mío había unos chavos jóvenes que venían de Tacubaya, más atrás una señora de las Lomas. En este espacio veías la diversidad de clases, de razas, de creencias y de educación que conforma la Ciudad de México. Todos con su derecho a votar y todos sometidos a los partidos políticos que se reparten nuestros impuestos. Así la ciudad y así el país. Había muchas diferencias pero a todos se nos veía cansados y satisfechos de haber participado. Creo que es una experiencia que todos deberíamos de tener por lo menos una vez.

A pesar de estar cruda y desvelada, no se me hizo nada pesada y volvería a participar para la alegría de Rebeca, nuestra promotora que sufre por conseguir gente que se anime a ayudarla a hacer un país de este Mexiquito en el que vivimos.

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